domingo, 5 de diciembre de 2010

Vivir los valores en la empresa familiar

Autor:Josep Tápies 

       Los valores en las empresas familiares son de corte más humanístico, mientras que las no familiares se rigen más por la frialdad de los números.

Antes de entrar en disquisiciones acerca de cuáles son los valores que distinguen a las empresas familiares, es deseable que nos pongamos de acuerdo sobre qué entendemos cuando hablamos de valores.

Hay una gran confusión terminológica alrededor de este término que muchos autores utilizan indistintamente como sinónimo de virtud o de principio, incluso algunas veces se confunde con las creencias y las tradiciones. Es fácil armarse un lío.

Tampoco es tan importante si al final las cosas se hacen con rectitud y tienden hacia el bien común e individual.

Pero entremos en materia y hablemos sobre lo que entendemos por valor.

Podríamos aceptar como definición de valor la siguiente: aquello que, de acuerdo a nuestro paradigma del bien, es bueno y consecuentemente estamos dispuestos a fomentarlo y a luchar por ello.

Como es obvio, inmediatamente surge la pregunta: ¿Y qué es lo que es bueno para mí?

Evidentemente si lo bueno para mí es maximizar el valor de las acciones, pues eso haré y a ello orientaré mis decisiones y le dedicaré mis mejores esfuerzos.

Esto no significa que las empresas familiares no tengan que velar por su cuenta de resultados, porque sería absurdo pensar que una empresa puede sobrevivir a largo plazo sin ganar dinero. Es más, también sería absurdo hablar de legado a la siguiente generación si lo que les vamos a legar es un montón de deudas acumuladas por una mala gestión de la empresa. Dicho esto, es evidente que todas las empresas familiares deben ganar dinero, pero hay una gran diferencia entre tener que ganar dinero y existir sólo para ganar dinero.

En muchas empresas, tanto familiares como no familiares, sus órganos de gobierno en representación de la propiedad establecen la misión, la visión y los valores por los que se ha de regir la empresa. Los valores les sirven como criterios a la hora de tomar decisiones relativas a la estrategia del negocio, al diseño de la organización y a sus sistemas de dirección, especialmente el sistema de compensación de los directivos. Para poner de relieve que no estamos hablando de conceptualizaciones inútiles, convendría poner aquí especial énfasis en el sistema retributivo de los directivos ahora que este tema ocupa un lugar importante en la agenda del presidente del país más importante del mundo. Es innegable que los valores de los propietarios de las empresas influyen en los sistemas de retribución de sus altos directivos. Y de nuevo, si el énfasis lo ponemos única y exclusivamente en la maximización del valor de las acciones y ligamos la retribución de los directivos a este fin, ellos actuarán de la forma en la que el sistema les beneficie más y no hay que culparles por ello. La responsabilidad última habrá que buscarla en aquellos que en representación de la propiedad, autorizan un determinado sistema de compensación.

Entonces, si el nombre del juego no es ganar el máximo dinero posible para maximizar el valor de la empresa, ¿de qué estamos hablando? Pues estamos hablando, querido lector, de generar riqueza en el sentido más amplio del término.

                                                                                          

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